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Santa Claus is coming to town: una oportunidad de resiliencia.

Por Eloisa Arroyo

Potenciadora de talento a través del coaching, el juego y la capacitación.

enero 29, 2025

Tiempo de Lectura: 3 minutos

Mi hija Alexa, que está en la banda de su escuela, tiene desde el inicio del ciclo escolar preparándose para el desfile de Navidad.

La noche previa al desfile me platicó que estaban esperando que el fin de semana nevara, pero que esperaban que la temperatura no bajara tanto para que no estuviera “tan mal” su desempeño en el desfile. Cuando me comentó esto, le pregunte por qué la temperatura afectaría su desempeño.

Alexa me explicó que cuando la temperatura es muy baja, las flautas se congelan y a veces se empiezan a desarmar; los que tocan los clarinetes tienen que cortarle las puntas a sus guantes con la consecuencia de que terminan con las puntas de los dedos congeladas; para los saxofonistas hay un momento en que la saliva que se va acumulando en el fondo del instrumento se hace hielo y los saxofones dejan de sonar.

Ante esto, su profesor los preparó para que supieran que, si la temperatura era muy baja, la última parte del recorrido estaría en manos de los tambores y las trompetas (los instrumentos menos afectados por el frío), y que por más cansados que estuvieran, trataran de sacarle sonido a sus instrumentos.

A mi esta lista de desgracias musicales y este escenario de fracasos me llevo a pensar ¿entonces, para qué van? ¿por qué tienen que tocar en unas condiciones tan poco favorables? Me ganó la parte emocional pensando en el frío tremendo y el mal rato que iba a pasar mi hija para dar un espectáculo en el que, según ella misma me dijo, era probable que al final el público los abucheara.

Por suerte no le dije nada de todo lo que estaba pensando. Me quede callada con mis emociones de mamá gallina y lo único que le dije fue que hiciera su mejor esfuerzo, que contaban con ella para salvar lo que pudiera (ella es una de las trompetas) y que creía que era una gran oportunidad de pasarla bien con sus amigos.

Cuando me levanté el día del desfile tuve una gran epifanía: ¡este concierto era una gran oportunidad de resiliencia para los jóvenes músicos!

Y es que, en ocasiones, la vida es así: sabemos que lo que viene no está fácil ni divertido. Todos tenemos esos momentos en los que estamos conscientes de que podemos “perder”, que el camino es largo y doloroso y que el desenlace puede ser triste. Algunas veces (no es el caso del desfile), estamos en una situación en que tenemos la certeza de que el desenlace será desagradable y doloroso. Muchas veces nos resistimos a ese dolor, aunque sea inevitable, o peor aún, creyendo que podemos evitarlo, decidimos no presentarnos al desfile, solo para postergar y hacer más crítico el sufrimiento.

Si tenemos suerte -como mi hija- el director de la banda nos habrá preparado para ese escenario negro. Vamos a llegar después de meses de entrenamiento, sabiendo que el resultado puede ser muy malo, pero listos para enfrentar las adversidades del clima. Sabemos que vamos a acabar agotados, que nuestra parte del trabajo no va a lucir como podría haber sido es mejores condiciones, pero sabemos que nos habremos presentado al desfile y habremos hecho nuestro mejor esfuerzo.

Al final, los chavos tuvieron su “milagro de Navidad” y contra los pronósticos del clima, no llovió ni nevó, los instrumentos no se congelaron y la banda sonó increíble.

A mí me toco verlos llegar al final a tirarse en el pasto y escuchar como a algunos “estaban a punto de caérseles los brazos”, otros “tenían la cabeza ligera” de tanto soplar, a muchos les dolían los pies, y a TODOS les brillaban los ojos y las sonrisas.

Pero no siempre hay “milagros de Navidad”, a veces las condiciones son tales que la música suena fatal. A veces parece que la vida nos abuchea. Y estas experiencias son oportunidades para desarrollar nuestra resiliencia. En los equipos y en nuestra vida, como líderes, como padres, como adultos ¿qué estamos haciendo con esas experiencias difíciles e inevitables de la vida?, ¿nos preparamos lo suficiente?, ¿identificamos nuestras trompetas y tambores para “salvar el día”?, ¿le ofrecemos una imagen clara y realista a nuestra banda para prepararse?, ¿nos presentamos al desfile?

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