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Nuestro sistema de creencias y nuestras emociones

Por Armando Arroyo

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noviembre 2, 2024

Tiempo de Lectura: 4 minutos

Spoiler alert: si no has visto “Intensa-Mente 2” y quieres verla, no leas este artículo).

Las emociones -por suerte para todos-, ahora forman parte de nuestro lenguaje de una forma más abierta. En las organizaciones hace ya algunos años que empezamos a hablar de ellas e incluso a formar a los colaboradores sobre el tema de la Inteligencia Emocional (¡gracias, Daniel Goleman!)

Las extraordinarias películas de Disney-Pixar, Intensa-Mente 1 y 2 (2015 y 2024 respectivamente), nos han permitido aprender más sobre algunas de nuestras emociones. Me declaro fan de Ansiedad y su rol activo en la adolescencia (con esa necesidad fundamentalmente humana de pertenecer a un grupo social).  Sin embargo, no fueron las emociones lo que más llamó mi atención en esta saga.

Lo que me cautivó, fue ver emerger el sistema de creencias de Riley y la interacción entre este, su autopercepción (o auto concepto) y las emociones. En la película, cada vez que Riley vive una experiencia de tinte placentero, Alegría la utiliza para depositarla en el sistema de creencias de Riley y así ayudarla a crear un “bonito” concepto de sí misma. Así por ejemplo, cuando ayuda a una compañera en desgracia en el salón de clase, ella se forma la creencia de que es una buena amiga.

Las complicaciones para Riley empiezan cuando Angustia decide que algunas de las experiencias poco placenteras que vive cuando está buscando pertenecer a su nuevo grupo social deben ser arrojadas al “mar” del sistema de creencias para dar a luz a creencias del tipo “no soy adecuada”. Por supuesto que la intención es muy positiva: sigue esforzándote para ser siempre mejor y que tu grupo social te reciba con los brazos abiertos.

Parecería que Angustia está causándole un gran daño a Riley, que dejar entrar esas experiencias relacionadas con emociones tan poco gratas (envidia, desesperanza, miedo), está dañando la identidad de Riley creando un nuevo sistema de creencias que no es tan bonito como el original. Y claro, Alegría busca resolver la tan desafortunada intervención de Angustia para que Riley vuelva a su viejo yo y recupere la alegría.

Sin embargo, lo que resulta fascinante, es darnos cuenta de que no es sino hasta el momento en que todas sus experiencias de vida entran en el mar de su sistema de creencias (sin importar si fueron experiencias que provocaron emociones placenteras o no), que no logra crear un autoconcepto que le permita recuperar su tranquilidad emocional.

¿Para qué digo todo esto? Bueno, pues a mí esto me dejó pensando en qué deberíamos hacer como seres humanos para favorecer un sistema de creencias potencializadoras que nos ayude a formar un mejor autoconcepto y, con la ayuda de ambas cosas, tener una mejor vida emocional.

Pero también, ¿cómo hacemos para tener una vida emocional más saludable que nos ayude a generar un sistema de creencias positivo que, a su vez, nos lleve a formar un autoconcepto favorable?

Estoy enredada en el dilema del huevo o la gallina.

Lo que si me quedó más o menos claro, es que no fue sino hasta el momento en que entraron en el mar del sistema de creencias de Riley experiencias con todos los tonos emocionales, cuando pudo lograr un autoconpceto que le permitió volver a sentirse bien consigo misma.

Para mí la moraleja es que necesitamos “sostener opuestos”: saber que a veces nos portamos muy bien y a veces nos portamos muy mal, que a veces jugamos muy bien en equipo y a veces no, que hay ocasiones en las que somos muy buenos amigos y otras en las que somos los peores. Estos opuestos nos hacen ser quienes somos y necesitamos aceptarlos a todos, dejarlos entrar a nuestro sistema de creencias. Si creemos que siempre nos portamos muy bien, aquellas experiencias en las que no lo hagamos, serán increíblemente dolorosas. Y esos momentos llegarán, pues son parte de la experiencia humana.

El otro gran aprendizaje para mí, es la importancia de desarrollar la capacidad de estar con todas nuestras emociones. De verlas con aceptación, buscando sus mensajes ocultos, sin juzgarlas de acuerdo con si son placenteras o no. Tratar de evitar aquellas que no nos gustan, solo hará que se manifiesten con más fuerza, que en algún momento tomen el control de la consola. Pero si les permitimos estar presentes a todas, aceptando sus regalos incondicionales y aprendiendo de ellas, entonces lograremos un balance emocional que nos dé la oportunidad de vivir mejor la vida.

¿Y en el mundo corporativo? Creo que nuestro compromiso está con la creación del sistema de creencias del equipo y el autoconcepto que se forma. ¿Qué haces cuando algo sale mal y las emociones que se presentan en tu equipo no son placenteras?

¿Aprovechas para hacerles notar que tienen que esforzarse más para lograr el resultado o van a seguir cometiendo muchos errores?, o ¿aprovechas para revisar lo que pasó y aprender de la experiencia?

¿La creencia que surge en tu equipo es que son unos incompetentes buenos para nada?, ¿o qué hicieron lo mejor que podían, que aprendieron de ese fracaso y que cuentan con todo lo que necesitan para resolverlo mejor la próxima vez?  En otras palabras: ¿qué emoción tiene el control de la consola en tu equipo de trabajo?, ¿quién está metiendo las esferas al mar del sistema de creencias de tu equipo?

Y en tu vida, ¿quién maneja tu tablero de control?

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1 Comentario

  1. A WordPress Commenter

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